INDRETS La mirada ajena

Donde la Navidad es posible

Es la Navidad una fiesta cristiana que el comercio ha convertido en un festín mercantilista. Hasta aquí un lugar común, un aserto por todos admitido y repudiado por la mayoría. Pero si uno entra en la iglesia del Monasterio de Pedralbes y encuentra por azar a la soprano Josefine Teixido Constans entonando a capela un Ave María, sin más acompañamiento que su voz, sin programa, sin aviso, porque hasta aquí se ha venido y es lo que su corazón le indica, tal vez vuelva a entender como a mí me ha ocurrido que la Navidad antes de todo era esto.

Escucho mientras escribo los villancicos barrocos de Al Ayre Español, para intentar ponerme a la altura.

Me dicen que la Asociación de Vecinos de Pedralbes organiza un mercado de Navidad en el marco incomparable de la plaza del monasterio y pienso: otro más. Y recuerdo con nostalgia cuando en estas tierras algo así no tenía lugar y en la Altstadt de Düsseldorf, donde estudiaba, un día y otro de Adviento acudía al Weinnachtsmarkt a oler y sentir, la familia y los amigos y los recuerdos de infancia que lejos me quedaban. Un día y otro y nada compraba, como el niño con la nariz pegada a la vitrina de los anhelados dulces, porque no me alcanzaba la peseta frente al potente marco de entonces.

Con el tiempo aquí se han prodigado comerciales mercados llamados de Navidad, pero éste de Pedralbes se me antoja auténtico. Porque si la Navidad ha de ser cristiana (solidaria entendamos), la mitad de sus puestos los cede la Asociación de Vecinos a causas benéficas. Y el resto, abona sus 40 euros por parada que, exceptuando gastos, van a parar al comedor social El Pa de Sant Oleguer: un plato de judías con huevo cocido es la elocuente imagen de la obra benéfica.

El lugar no puede ser más bello: esta plaza como sacada de un cuento. Empieza la mañana con una visita guiada (y gratuita) al monasterio (dos visitas a lo largo de la mañana), y continúa con actuaciones intermitentes de músicos jóvenes del conservatorio organizados por una estupenda vecina, Cuca Tintoré. En medio y medio, la misa en la iglesia del monasterio y, quien haya tenido suerte como la mía, la actuación improvisada de Josefine T, que no puede evitar su personal ofrenda a la virgen cada vez que viene aquí, amparada por "esta acústica exclusiva". Fue la solista por excelencia de las ceremonias nupciales que se celebraron en esta iglesia, durante 15 años hasta que las monjas rectoras, de clausura, hartas de paparazis y de las limosnas de 5 euros recibidas de los contrayentes a bordo de sus rolls royces, decidieron terminar con tan paganas y rácanas liturgias. Josefine cantó aquí unas cinco nupcias por semana, y ahora deleita los espíritus en sus veladas particulares (ya hablaremos, me dice).

Pero hablaré ahora de lo que se vende en el mercado navideño de Pedralbes, que no es pecata minuta, sino artesanía preciosista y de toda forma y color. Anna Llusà, ama de casa jubilada, vende sus delicadas piezas de madera decorada en decoupage, y así llega a donde la pensión no alcanza. Cajitas de tocador, bandejas deChristmas, cojines tan cozy, arbolitos con campanas, etcétera. Frente a ella, tres señoras añosas de alta cuna, piel dorada y el tiempo haciendo estragos en la raíz de sus cabellos, me prohíben hace fotografías: "no queremos publicidad, que luego nos copian", sus manualidades estilo Sección Femenina rediviva a precios de joya, no merçi. En cambio poco más allá encontramos al grupo de amigas de colegio que recaudan para Amantani, un hogar infantil que una de ellas (que hoy no está, claro) ha creado en Cuzco, 70 niños a su cargo que han cosido marionetas de dedo y adornos para el árbol, bonitos y bien baratos; otra de ellas regenta el catering Le chef, que esta mañana nos deleita el paladar con quiches, tortilla, sandwichitosde salmón y anchoa, canapés de roastbeef, cucuruchos de patatillas, etcétera: buenísimo, y todo a beneficio de Amantani, o sea doblemente bueno. O las mascotas por encargo que pinta Isabel González, estupenda pintora de bodegones, o las excelentes manufacturas dulces de mi querida Mercé de Biscuit, que en enero nos sorprenderá con su pastelería taller en Sant Gervasi, ya les contaré. O las pequeñas esculturas de hierro oxidado de Anna Benach.

Mereció la pena, recuperar por una mañana la Navidad de la infancia, la del cuento de sopa que no llegaba a todas las mesas. Un mercado con clase y entrañable éste de Pedralbes. Intercambio un pomo de gui con mi amiga Marta y tan contentas que nos vamos, pensando ya en la fortuna que nos traerá

Artículo procedente del diario El Mundo

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